En un intento por contrarrestar el avance que está mostrando el independentismo escocés en los sondeos, los líderes de los tres principales partidos políticos británicos informaron ayer que cancelarán sus compromisos parlamentarios para viajar hoy a Escocia a hacer campaña en contra de la independencia, de cara al referéndum de la próxima semana.
El primer ministro británico, David Cameron, el líder de la oposición laborista, Ed Miliband, y el de los liberales, Nick Clegg, anularon su participación en la sesión parlamentaria semanal de preguntas al premier, luego de que por primera vez este fin de semana las encuestas mostraran un liderazgo de los independentistas por el 51%.
“Nuestro mensaje a los escoceses será simple: queremos que se queden”, dijeron Cameron y Miliband en el comunicado conjunto, anunciando el viaje.
“Hay mucho que nos divide, pero hay algo en lo que coincidimos con pasión: el Reino Unido está mejor junto”, agregó el texto.
El primer ministro escocés, Alex Salmond, señaló que la medida revela el “ataque de pánico” de los que abogan por la unión y cuya campaña está “completamente desorganizada”. Los tres son “los políticos que generan mayor desconfianza”, aseguró, y consideró que su presencia en Escocia “representará otro gran impulso para la campaña por el sí”.
Previamente, los tres partidos apoyaron un plan del ex primer ministro británico Gordon Brown para darle mayores poderes a Escocia en caso de que opte por mantenerse como parte de Reino Unido en el referéndum del jueves 18.
“Queremos escuchar y hablar con los electores sobre el gran dilema que afrontan” en el referéndum, en el que 4,2 millones de electores deberán responder “sí” o “no” a la pregunta “¿Debería ser Escocia un país independiente?”.
La visita conjunta es el gesto de mayor envergadura realizado por Londres desde los Acuerdos de Edimburgo que hace dos años permitieron la celebración del referéndum.
En otro guiño a Escocia, la residencia del primer ministro en Downing Street izó ayer la bandera escocesa, azul y blanca y con la cruz de San Andrés.
Cameron había tenido un limitado papel en la campaña a favor de la unión debido a la escasa popularidad de su Partido Conservador en Escocia: la agrupación sólo ganó uno de los 59 mandatos reservados a Escocia en el Parlamento nacional en los comicios de 2010. El premier británico había dicho hasta ahora que este era un asunto de los escoceses.
Ayer, una nueva encuesta da cuenta de un empate en el referéndum de la semana próxima. El sondeo del instituto TNS Scotland atribuye a los unionistas el 39% de las intenciones de voto y a los independentistas el 38%, con un 23% de indecisos. Si se tiene en cuenta sólo a quienes están seguros de ir a votar, se da un empate a 41% con un 18% de indecisos.
“Demasiado ajustado para pronunciarse”, estimó Tom Costley, director del instituto de sondeos.
La conciencia de que el Reino Unido podría perder a Escocia dentro de pocos días cayó como una bomba.
Prensa y políticos pidieron a la reina Isabel II que deje de lado su neutralidad y salga en defensa de la Unión. Los partidos se lanzaron a un esfuerzo de seducción concertado y Brown, el último primer ministro británico nacido en Escocia, se convirtió desde el lunes en la cara visible de la campaña unionista.
La intervención de la reina “significaría mucho para la gente de Inglaterra y Escocia. Sería bienvenida y no sería impropia”, opinó el diputado laborista Simon Danczuk. Pero un portavoz del Palacio de Buckingham insistió ayer en que la reina mantiene su postura de “imparcialidad” respecto al referéndum. “La imparcialidad constitucional de la soberana es un principio establecido de nuestra democracia, tal como la reina ha demostrado durante su reinado”, declaró el vocero.
En tanto, el gobernador del Banco de Inglaterra, el canadiense Mark Carney, avisó ayer que una unión monetaria de una eventual Escocia independiente del Reino Unido sería “incompatible con la soberanía” de la nueva nación.
El primer ministro escocés aboga por una unión monetaria de la libra si su país logra la independencia, al considerar que beneficiaría a ambas economías.
Pero los tres principales partidos británicos se han unido en su negativa a compartir la libra.
Fuente: El Clarinete





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