El director de la CIA, John Brennan, defendió ayer los programas de interrogatorios bajo tortura que han causado un daño irreparable a Estados Unidos en el terreno de lo moral, tras la difusión de un reporte del Comité de Inteligencia del Senado, y reafirmó que mucha de la información recabada facilitó la captura de Osama bin Laden.
En conferencia de prensa, Brennan presentó una contraofensiva que buscó reagrupar a sus fuerzas y rescatar la maltrecha imagen de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), lo que le ha convertido en extraño compañero de viaje del ex presidente George W. Bush y el ex vicepresidente Dick Cheney, los dos principales responsables de uno de los episodios más oscuros para EU y la comunidad de inteligencia en general.
Interrogado por Fox News respecto al reporte, Cheney aseguró que es “erróneo” y está “lleno de mierda”.
La comparecencia de Brennan se produjo en medio de crecientes voces que han pedido su renuncia y la opinión de aquellos académicos que consideran que EU jamás debió torturar bajo ninguna circunstancia.
En su intervención, Brennan nunca utilizó la palabra tortura, aunque reconoció que “algunos agentes fueron más allá” de lo que permitían las directivas en los interrogatorios. No obstante, insistió en que el comité senatorial encabezado por la demócrata Dianne Feinstein “no logró demostrar” que la información recabada en algunos interrogatorios “haya sido inútil o inservible”.
“Hubo información muy valiosa que fue obtenida de personas que fueron sometidas a estas técnicas reforzadas de interrogatorio”, dijo Brennan.
“La relación de causa y efecto entre el uso de técnicas de interrogatorio reforzadas y la información útil proporcionada por los detenidos es, en mi opinión, difícil de determinar”, añadió Brennan, dejando en la ambigüedad la eficacia de unos métodos de tortura que han sido repudiados por Obama y denunciados en el informe del comité senatorial.
El jefe de la CIA se negó a confirmar si, acaso, mantuvo hasta el final su oposición a que se desclasificara el informe difundido parcialmente. “La Casa Blanca y el presidente saben muy bien mi posición al respecto”, dijo.
“No se entrevistó a ningún agente de la CIA para elaborar el reporte. Y, además, no hubo una colaboración bipartidista”, se quejó Brennan en alusión a un reporte elaborado con celo y hermetismo por parte del equipo de Feinstein que se vio obligado a trabajar con personas de su círculo más confiable.
En este sentido, Feinstein denunció el martes pasado los más de 40 millones de dólares invertidos por la CIA para obstaculizar la desclasificación del informe, así como la infiltración de las computadoras de su equipo en al menos tres ocasiones.
Brennan reconoció que tras los atentados del 11-S “nos metimos en un terreno sin explorar”, en el que la agencia se dejó llevar por el afán y la urgencia de mantener a salvo a la nación. Consideró que la decisión del presidente de prohibir este tipo de técnicas duras de interrogatorios fue la correcta.
Aun así, Brennan precisó que “el Departamento de Justicia ha decidido que no hay nada que perseguir”, para tratar de atajar así las voces de quienes han pedido procesar a los responsables de esos interrogatorios, que incluyeron ahogamientos simulados, aislamiento prolongado, amenazas de violaciones y alimentación rectal, entre otros.
“La tortura es ilegal y punto. Es ilegal bajo las leyes de EU y la legislación internacional. La tortura es ilegal en tiempos de paz y de guerra”, opinó Laurie Blank, especialista en legislación internacional y derechos humanos.






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